Un día como hoy, cayó el muro de Berlín

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En 1961, Alemania Oriental construyó un muro alrededor de Berlín alegando como una “protección antifascista” contra las conspiraciones para destruir el estado socialista. En la prensa del bloque occidental, sin embargo, se llamaba “el muro de la vergüenza”.

Durante ese tiempo, muchas personas (algunas incluso calculan 200) fueron asesinadas si intentaban cruzarlo. Uno de los casos más famosos (y terribles) fue Peter Fechter, un albañil alemán de 18 años disparado en su intento de cruzar el Muro junto a Helmut Kulbeik (este último sobrevivió). (Aquí una canción dedicada exclusivamente para él).

En 1989, en el contexto de la caída de los regímenes comunistas de Europa del Este (el llamado otoño de las naciones, en analogía con la primavera de las naciones en 1848), el pueblo alemán derribó el muro de Berlín, reuniéndose eufóricamente después de 28 años de separación. .

Historia oculta del intervencionismo cubano

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Tanque cubano en Angola.

El estado socialista de tipo marxista-leninista que es Cuba, así como sus partidarios en el extranjero, siempre se han llenado la boca con discursos anti-imperialistas y favoreciendo la “no intervención”. Sin embargo, muchos socialistas caviar militantes desconocen un aspecto de su historia que nunca se han detenido a pensar.

Por ejemplo, jamás se les ha ocurrido la razón por la que varios países más allá de la URSS se volvieron socialistas o se alinearon al bloque soviético, y se deba a que Cuba mandó tropas a varios países para instaurar más dictaduras comunistas de partido único.

El argumento que el gobierno cubano revolucionario daba, era por cuestiones de “internacionalismo proletario” y supuestamente apoyar a los países del tercer mundo a alejar la injerencia de las potencias capitalistas, dando apoyo a la población local para implantar un estado socialista, generalmente con apoyo soviético y de la Alemania oriental.

Hubo intervención en los siguientes países (al menos son las más reconocidas):

Argelia, durante la guerra de las Arenas en 1963 (conflicto armado que se libró contra Marruecos).

Siria, en 1973 con la guerra de Yom Kippur dándole apoyo a la coalición anti-Israel, aun cuando hay personas que siguen creyendo que el sionismo es comunista o que la Cuba comunista apoyó el sionismo (cuando Cuba votó en contra de la resolución de la ONU para permitir la partición del Mandato de Palestina en 1947).

Angola, fuerzas cubanas ingresaron al país en la Operación carlota (considerada la mayor operación militar cubana en el extranjero), en la que buscaban sostener un régimen socialista en medio de la guerra civil, donde también intervino Sudáfrica, en aquel entonces, bastión anti-soviético en el continente.

Etiopía, durante la guerra civil que azotó el país contra los insurgentes somalíes para sostener el régimen socialista. Se llegaron a estimar 9000 cubanos en Ogaden.

Zaire (hoy República Democrática del Congo), donde tropas cubanas llegaron desde Tanzania sin mucho éxito durante la crisis del Congo.

Con el colapso de la Unión Soviética, las intervenciones militares cubanas en el extranjero cesaron.

Probablemente los activistas de extrema izquierda cuando sepan esto o lo nieguen o lo adornen con eufemismos como el gobierno cubano ha hecho.

La civilización no se compra con dinero: el caso de las monarquías del Golfo Pérsico

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Infraestructura extravagante, grandes rascacielos, automóviles de lujo, grandes mansiones, son algunas de las cosas que asociamos a las monarquías del Golfo Pérsico (es decir, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán). Esos países son escandalosamente ricos debido (principalmente) al petróleo. Petróleo y clientes occidentales que dependen de él.

Claramente, estos países tienen un buen nivel de vida que incluso es comparable con algunos lugares en el mundo industrializado (esperanza de vida relativamente alta, alto PIB per cápita, seguridad …)

Pero, no todo lo que brilla es oro.

En un sentido de política exterior, esos países (excepto Omán) tienen un doble juego. Afirman ser “aliados” de las democracias occidentales, los ayudan a atrapar a los terroristas y a dar información en sus agencias de inteligencia mientras exportan y financian mezquitas salafistas con una ideología religiosa de odio que detesta a la sociedad occidental, judíos, cristianos, hindúes, ateos, homosexuales, mujeres , e incluso musulmanes chiítas y musulmanes disidentes liberales.

Vamos a examinar algunos:

Arabia Saudita

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El Reino de Arabia Saudita se fundó en 1932 cuando la dinastía actual logró conquistar y unir a todas las tribus árabes de esa zona. Descubrieron grandes reservas de petróleo y luego, comenzaron a exportarlo masivamente al extranjero. La religión oficial es el islam, practicada desde la corriente salafista del wahabismo (una aplicación estricta de los principios puritanos y regresivos del Islam). Actualmente, está bajo la vigilancia de varias organizaciones y activistas de derechos humanos que denuncian la trata de esclavos, la discriminación contra las mujeres, la segregación relacionada con la religión (los no musulmanes están prohibidos en La Meca y Medina), las ejecuciones continuas de homosexuales y ateos, la falta de libertad de religión, el arresto de Raif Badawi, el hecho de que son una monarquía teocrática…
La lista de aberraciones en el reino es larga.
Además, desde hace algunos años, se sabe del respaldo de Arabia Saudita y Turquía a los yihadistas de Oriente Medio contra el dictador socialista árabe, Bashar Al Asaad (básicamente matón contra matón) en la guerra civil siria, alarmando a los países occidentales.
Esta no es la primera vez.
En 1996, cuando los talibanes crearon su horrible y misógino régimen en Afganistán, Arabia Saudita, junto con Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos, fueron los únicos países que reconocieron el emirato islámico talibán hasta la intervención dirigida por la OTAN a fines de 2001 cuando cayó.
Más recientemente, hace meses, Christya Freeland, Ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, criticó en Twitter la detención de muchos activistas de derechos humanos por parte del régimen, causando una crisis diplomática que provocó la expulsión del embajador canadiense y el traslado de 15,000 estudiantes sauditas a Estados Unidos y Reino Unido.
MEMRI incluso informó sobre una cuenta saudita que amenazó a Canadá con un ataque terrorista similar al 11 de septiembre. El gobierno saudita ordenó su cierre.
Y esos, sin mencionar el discurso de odio de los libros de texto sauditas (aquí un informe de Freedom House al respecto) y el sentimiento antioccidental dentro del país.

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Qatar

El emirato de Qatar es otro caso de un oscuro historial de los derechos humanos y la exportación del yihadismo (es decir, el pan-islamismo violento) en todo el mundo. Además, tiene un canal patrocinado por el gobierno, Al-Jazeera.

Qatar maltrata a los trabajadores inmigrantes africanos y del sudeste asiático, tiene un gran historial de abusos debido a la preparación de la Copa Mundial de la FIFA 2022 (y no sé por qué la FIFA se opone a los occidentales haciendo gritos “homofóbicos” y no dice nada sobre la falta de derechos de los homosexuales en su amado anfitrión), por otro lado, es interesante porque este país está relativamente más “avanzado” (pero no en estándares aceptables desde que la ley de la Sharia gobierna allí) en materia de derechos de la mujer que otros países de la región.

Eso solo hablando de su política interna. Resulta que el emirato posee su propio canal de propaganda para un público occidental (al igual que Rusia con RT e Irán con HispanTV), que ofrece un discurso progresista light de izquierda para sus audiencias europeas y americanas, mientras que en árabe abunda el discurso del odio.

Qatar también es responsable de financiar mezquitas salafistas en Francia, además de apoyar a los Hermanos Musulmanes e incluso financiar centros culturales islámicos, como éste que solía apoyar en Suiza, justo después de que periodistas franceses sacaran los trapos sucios de ese emirato en el libro “Qatar Papers”.

Curiosamente, la financiación del terrorismo y extremismo fue el principal motivo para la crisis diplomática que lo llevó a tener conflictos con otros países de la región, así que como señala Daniel Pipes, si Arabia Saudí y Egipto saben el peligro que representa, es hora de que Occidente se de cuenta.

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Kuwait

Este pequeño estado petrolífero, fue invadido en 1990 por el ejército de Iraq, en aquel entonces gobernado por Saddam Hussein. Una coalición autorizada por la ONU, y con apoyo de diversos aliados árabes, musulmanes y occidentales liberaron el país a principios de 1991. Kuwait sin embargo, muestra un cierto resentimiento hacia Occidente a pesar de la liberación.

Obviando el hecho de que al igual que otros países donde se rigen por la ley Sharia hay constantes abusos contra los derechos humanos de la población, hay algunos casos puntuales que me gustaría destacar sobre este país.

En 2015, la aerolínea Kuwait Airways canceló sus vuelos de Londres a Nueva York debido a la controversia de que se les negaría la venta de boletos a pasajeros israelíes. Aunque realmente no sorprende, pues al igual que otros países musulmanes, Kuwait prohíbe la entrada de judíos israelíes y no permite que sus pasaportes o documentos sean sellados.

Además, desde 2012, se aprobó la pena de muerte por blasfemia, ley que incluso puede perjudicar a los musulmanes por hacer comentarios que el gobierno considere “inapropiados” o ser acusados de apóstatas como el caso del blogger saudí Raif Badawi.

Entonces, ¿podría cambiar cualquier día la situación?

Todo parece indicar lo contrario, estos regímenes solo son aliados de palabra, la mayor parte de sus acciones son para nosotros una apuñalada por la espalda. Algunos lo razonan según la “realpolitik” similar a la alianza entre las democracias occidentales con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial para acabar con la Alemania Nazi y Japón, pero esta alianza nos está haciendo más daño que bien. ¿Cómo sabemos que tarde o temprano no serán más abiertamente hostiles como la República Islámica de Irán? (que supuestamente nos están apoyando para vencerla).

Ese aspecto estético similar al occidental que tienen sus ciudades y parte de su lujoso estilo de vida, es una fachada de que en esos países, culturalmente siguen atrasados con respecto a Occidente en cuanto a los derechos de las minorías religiosas, los homosexuales, las mujeres y los ateos.

Ni todo el dinero del mundo podrá comprar esa actitud liberal característica de los europeos y americanos.

Es un buen momento para hacerse estos cuestionamientos válidos.

Nunca jamás: la tragedia de los armenios

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Según la tradición bíblica, el arca de Noé se estacionó en el monte Ararat (actualmente cerca de la frontera con Turquía e Irán), por lo que muchos podrían tener cierta familiaridad con Armenia.

Fue el primer pueblo de la Antigüedad en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301, marcando una nueva etapa para su historia. Pasó a ser gobernada otros siglos por el imperio bizantino, los califatos árabes, Persia, Rusia y finalmente el Imperio Otomano.

Los armenios, al igual que otras minorías cristianas en el califato turco, estuvieron restringidos en derechos civiles a diferencia de sus conciudadanos musulmanes, como el estipulado por el pacto de Umar, según el cual, no podían construir nuevos templos religiosos.

En las provincias orientales, su trato fue negativo, por lo general, se les sometía a secuestradores, a explotación laboral y excesivas cargas fiscales. Esto hizo que a mediados del siglo XIX, las potencias europeas cuestionaran el trato de este estado con su población cristiana, presionándolo para mejorar sus condiciones de vida.

El independentismo afloró en los armenios en esa época inspirado por las rebeliones de Rumania, Bulgaria, y Serbia, que estaban aprovechando la decadencia del imperio. Sin embargo, desde fines del siglo, el sultán Ahmed Hamid II empezó a verlos como amenaza, llegando a haber masacres en su periodo.

Un vicecónsul francés llegó a declarar que el Imperio Otomano tenía como objetivo «aniquilar gradualmente a los elementos cristianos, dando a los jefes kurdos carta blanca para hacer lo que quisieran, desde enriquecerse de los bienes de los cristianos, hasta satisfacer sus caprichos sexuales, fueran mujeres o niños…».

Incluso la prensa occidental mostró desdén por la situación.

El comienzo del genocidio se conmemora el 21 de abril de 1915, cuando las autoridades otomanas arrestaron a más de 200 miembros de la comunidad armenia en Estambul, para que días después, el número de detenidos aumentara a más de 600.

Desde el 29 de mayo, con la aprobación de la ley Tehcir, que otorgaba facultad al gobierno para deportaciones arbitrarias en tanto “se percibiera como una amenaza para la seguridad nacional”, varios líderes armenios fueron arrestados y asesinados.

Incluso llegaron a haber documentos en Occidente de testigos que narraban sobre la confiscación y masacre arbitraria y sistemática de armenios. El gobierno puso una red de 25 campos de concentración para eliminar a quienes hubieran sobrevivido a las duras condiciones de las marchas mortales. Esa red, actualmente situada entre las fronteras turcas con Irak y Siria, la dirigió Sukru Kaya, mano derecha de Talaat Pasha (uno de los principales miembros del movimiento de los Jóvenes Turcos).

Eitan Belkind, miembro de un grupo judío infiltrado y encubierto en el ejército otomano, fue testigo de la quema de 5 000 armenios. Este método, así como el ahogamiento, la inanición, las intoxicaciones e inoculación del tifus fueron algunos de los métodos que los oficiales turcos utilizaron para su propósito aberrante.

Las estimaciones de historiadores occidentales coinciden que entre 800,000 y 1.5 millones de armenios murieron en manos de los jóvenes turcos por persecución gubernamental. No conformes con eso, también torturaron y masacraron entre 500,000 y 900,000 griegos pónticos y entre 250,000 y 750,000 asirios.

Se le considera el primer genocidio moderno (del que Turquía tiene una política de Negacionismo oficial).

Autores y personalidades como Winston Churchill, Gertrude Bell, Henry Monrghentau, Theodore Roosevelt, Stephen Wise, Arnold Toynbee, Raphael Lemkin (quien creó el término “genocidio” para describer este y sucesos similares), Elie Wiesel, y Bat Ye’or, han hablado sobre el genocidio armenio y lo han condenado.

Los historiadores creen que las principales motivaciones eran nacionalistas étnicas (Fa’iz el-Ghuisein) y panislamismo yihadista (Bat Ye’or). Arnold Toynbee y otros historiadores coinciden en que ambas ideologías jugaron un papel importante en la política genocida, pues mientras algunos se salvaron al convertirse, otros aún conversos, fueron asesinados.

Hay una amplia evidencia histórica, de que la Alemania Nazi se inspiró en el genocidio armenio para llevar a cabo el Holocausto en Europa. Los armenios fueron los primeros en averiguar lo peligrosas que son las lecciones no aprendidas de la historia.