La lucha palestina no tiene sentido: Por que darles un estado es mala idea

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Los puntos de vista convencionales sobre el conflicto árabe-israelí generalmente incluyen una “solución de dos estados” (aunque nunca he visto un “pro-palestino” que diga que Israel tiene derecho a existir, y siempre tiene una salmodia antisionista).

Pero, ¿por qué en el lado sionista sigue victimizandolos?

Además, muchos sionistas han interiorizado su narrativa usando términos como “territorios ocupados”, “Cisjordania” y asumimos que el palestino a pie sufre bajo el gobierno de Hamas y Fatah, lo cual es cierto, sin embargo, ¿quién votó por ellos? ¿Y quién no se ha rebelado contra ellos todavía?

Ahora, durante la guerra entre la Yihad Islámica e Israel, un cohete lanzado contra el estado judío cayó en un edificio de apartamentos dentro de la franja de Gaza. Los medios antiisraelíes y las ONG como Amnistía Internacional CULPAN a Israel diciendo que lanzaron el cohete contra los “palestinos-pobres-y-oprimidos-por-los-colonos-sionistas”.

Aunque también se enfrentaron a las consecuencias del terrorismo interminable contra los civiles israelíes, de hecho fueron quienes votaron por Hamas después de que las FDI dejaron Gaza en 2005 y los árabes en Judea y Samaria eligieron a Fatah para gobernar la llamada “Autoridad Palestina”.

Ahora, en el mundo islámico existen muchas personas enfermas y malvadas (de hecho, están en todo el mundo independientemente de la religión, el sexo o el origen étnico), pero ahí, la religión les enseña a serlo.

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Segunda Intifada. En el otoño del 2000, dos soldados israelíes fueron asesinados por hordas palestinas en Ramala cuando ingresaron por error a la ciudad.

Los palestinos tienen opiniones enfermas e intolerantes generalizadas. Y aquí los hechos:
El 93% de los árabes en los “territorios palestinos” tienen puntos de vista antisemitas según la Liga Anti-Difamación.
El 89% de los musulmanes palestinos apoya la Ley Sharia, según un estudio de 2013 de Pew Research.
El 66% de los musulmanes palestinos apoya la muerte por apostasía, según el mismo estudio.
El 90% de los palestinos apoyaron matar tropas occidentales en Irak según datos de 2009 (incluso cuando reciben ayuda occidental).
El 68% de los musulmanes palestinos dijo que los atentados suicidas contra civiles eran justificables según Pew en 2011 (una cultura del martirio islámico)
El 51% de los palestinos pensaba en 2001, que el 11 de septiembre era un complot judío. (No fue una sorpresa verlos celebrar el ataque de Nueva York de todos modos)
El 65% de los palestinos apoyaron los asesinatos de Al Qaeda contra civiles occidentales en 2005. (¡Incluso hoy, cuando los terroristas islámicos atacan a Israel, celebran la muerte de judíos con dulces!). El 80% de los palestinos apoya los ataques terroristas contra ciudadanos israelíes según una encuesta de fines de 2014.

Un niño árabe palestino en Gaza celebrando el ataque suicida en Dinoma en 2008. Foto: Reuters.


Y según las encuestas de 2013:
El 62% de los palestinos apoya el atentado suicida (el fenómeno islamikaze, nuevamente).
El 48% de los palestinos apoya al genocida Hamas.
El 43% de los palestinos apoya al títere libanés iraní Hezbollah.
El 35% de los palestinos apoya al suicida psicópata Al Qaeda.
El 29% de los palestinos apoyan a los talibanes tribales misóginos.

Puede verificar sus medios y su comportamiento como sociedad en organizaciones como Middle East Monitor and Research Institute (MEMRI) y la organización de vigilancia israelí Palestinian Media Watch, buscando comportamientos y puntos de vista de los palestinos como discurso de odio, negación del derecho de autodefensa judía , antisemitismo, negación y revisionismo, violencia y terror, niños y educación, islamismo y odio a Occidente, abusos contra los derechos humanos, etc.

El salvajismo islamista es la norma en la sociedad palestina, y al darles un estado el conflicto con Israel empeoraría (Aunque los tontos útiles a favor de Palestina no quieran aceptarlo). Lo hemos visto, desde que se firmaron los Acuerdos de Oslo y en 2000, comenzó la Segunda Intifada (que resultó en más de mil muertes israelíes), y cuando Israel retiró la Franja de Gaza en 2005, lo que resultó en guerras contra Hamas y la Yihad Islámica Palestina, con picos en 2012 y 2014, y más recientemente en 2018 y en curso.

El estado actual de los derechos humanos en la Autoridad Palestina de Fatah y la Franja de Gaza de Hamas no debería sorprendernos. Y el constante apoyo árabe-palestino (mutuo) de tiranías como la Alemania nazi, la Unión Soviética, Corea del Norte, el Irak de Saddam Hussein, etc. (dato curioso: Arafat y Abbas eran agentes pro-soviéticos).

Siempre alineados con regímenes e ideologías totalitarias que buscan la destrucción de Israel y el genocidio de los judíos.

Como Daniel Polisar, un profesor israelí, dijo en su brillante ensayo “¿Qué quieren los palestinos?“:
“Estas actitudes populares también dificultan a los funcionarios palestinos limitar su propia incitación a la violencia o desplegar fuerzas de seguridad vigorosamente para frenar los ataques. Mientras la opinión popular palestina permanezca donde está, las erupciones de violencia siempre serán posibles, y una vez comenzado puede escalar fácil y rápidamente “.

Y como dijo Don Watkins, “nadie tiene derecho a establecer un gobierno a menos que sea un gobierno libre, democrático y secular. Solo las naciones libres tienen derecho a existir”.

Los líderes árabes e islamistas usan a la causa “palestina” para destruir Israel, tanto como para acabar con el enclave occidental por excelencia del Medio Oriente, como para acabar con el único Estado judío del mundo.

La civilización no se compra con dinero: el caso de las monarquías del Golfo Pérsico

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Infraestructura extravagante, grandes rascacielos, automóviles de lujo, grandes mansiones, son algunas de las cosas que asociamos a las monarquías del Golfo Pérsico (es decir, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán). Esos países son escandalosamente ricos debido (principalmente) al petróleo. Petróleo y clientes occidentales que dependen de él.

Claramente, estos países tienen un buen nivel de vida que incluso es comparable con algunos lugares en el mundo industrializado (esperanza de vida relativamente alta, alto PIB per cápita, seguridad …)

Pero, no todo lo que brilla es oro.

En un sentido de política exterior, esos países (excepto Omán) tienen un doble juego. Afirman ser “aliados” de las democracias occidentales, los ayudan a atrapar a los terroristas y a dar información en sus agencias de inteligencia mientras exportan y financian mezquitas salafistas con una ideología religiosa de odio que detesta a la sociedad occidental, judíos, cristianos, hindúes, ateos, homosexuales, mujeres , e incluso musulmanes chiítas y musulmanes disidentes liberales.

Vamos a examinar algunos:

Arabia Saudita

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El Reino de Arabia Saudita se fundó en 1932 cuando la dinastía actual logró conquistar y unir a todas las tribus árabes de esa zona. Descubrieron grandes reservas de petróleo y luego, comenzaron a exportarlo masivamente al extranjero. La religión oficial es el islam, practicada desde la corriente salafista del wahabismo (una aplicación estricta de los principios puritanos y regresivos del Islam). Actualmente, está bajo la vigilancia de varias organizaciones y activistas de derechos humanos que denuncian la trata de esclavos, la discriminación contra las mujeres, la segregación relacionada con la religión (los no musulmanes están prohibidos en La Meca y Medina), las ejecuciones continuas de homosexuales y ateos, la falta de libertad de religión, el arresto de Raif Badawi, el hecho de que son una monarquía teocrática…
La lista de aberraciones en el reino es larga.
Además, desde hace algunos años, se sabe del respaldo de Arabia Saudita y Turquía a los yihadistas de Oriente Medio contra el dictador socialista árabe, Bashar Al Asaad (básicamente matón contra matón) en la guerra civil siria, alarmando a los países occidentales.
Esta no es la primera vez.
En 1996, cuando los talibanes crearon su horrible y misógino régimen en Afganistán, Arabia Saudita, junto con Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos, fueron los únicos países que reconocieron el emirato islámico talibán hasta la intervención dirigida por la OTAN a fines de 2001 cuando cayó.
Más recientemente, hace meses, Christya Freeland, Ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, criticó en Twitter la detención de muchos activistas de derechos humanos por parte del régimen, causando una crisis diplomática que provocó la expulsión del embajador canadiense y el traslado de 15,000 estudiantes sauditas a Estados Unidos y Reino Unido.
MEMRI incluso informó sobre una cuenta saudita que amenazó a Canadá con un ataque terrorista similar al 11 de septiembre. El gobierno saudita ordenó su cierre.
Y esos, sin mencionar el discurso de odio de los libros de texto sauditas (aquí un informe de Freedom House al respecto) y el sentimiento antioccidental dentro del país.

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Qatar

El emirato de Qatar es otro caso de un oscuro historial de los derechos humanos y la exportación del yihadismo (es decir, el pan-islamismo violento) en todo el mundo. Además, tiene un canal patrocinado por el gobierno, Al-Jazeera.

Qatar maltrata a los trabajadores inmigrantes africanos y del sudeste asiático, tiene un gran historial de abusos debido a la preparación de la Copa Mundial de la FIFA 2022 (y no sé por qué la FIFA se opone a los occidentales haciendo gritos “homofóbicos” y no dice nada sobre la falta de derechos de los homosexuales en su amado anfitrión), por otro lado, es interesante porque este país está relativamente más “avanzado” (pero no en estándares aceptables desde que la ley de la Sharia gobierna allí) en materia de derechos de la mujer que otros países de la región.

Eso solo hablando de su política interna. Resulta que el emirato posee su propio canal de propaganda para un público occidental (al igual que Rusia con RT e Irán con HispanTV), que ofrece un discurso progresista light de izquierda para sus audiencias europeas y americanas, mientras que en árabe abunda el discurso del odio.

Qatar también es responsable de financiar mezquitas salafistas en Francia, además de apoyar a los Hermanos Musulmanes e incluso financiar centros culturales islámicos, como éste que solía apoyar en Suiza, justo después de que periodistas franceses sacaran los trapos sucios de ese emirato en el libro “Qatar Papers”.

Curiosamente, la financiación del terrorismo y extremismo fue el principal motivo para la crisis diplomática que lo llevó a tener conflictos con otros países de la región, así que como señala Daniel Pipes, si Arabia Saudí y Egipto saben el peligro que representa, es hora de que Occidente se de cuenta.

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Kuwait

Este pequeño estado petrolífero, fue invadido en 1990 por el ejército de Iraq, en aquel entonces gobernado por Saddam Hussein. Una coalición autorizada por la ONU, y con apoyo de diversos aliados árabes, musulmanes y occidentales liberaron el país a principios de 1991. Kuwait sin embargo, muestra un cierto resentimiento hacia Occidente a pesar de la liberación.

Obviando el hecho de que al igual que otros países donde se rigen por la ley Sharia hay constantes abusos contra los derechos humanos de la población, hay algunos casos puntuales que me gustaría destacar sobre este país.

En 2015, la aerolínea Kuwait Airways canceló sus vuelos de Londres a Nueva York debido a la controversia de que se les negaría la venta de boletos a pasajeros israelíes. Aunque realmente no sorprende, pues al igual que otros países musulmanes, Kuwait prohíbe la entrada de judíos israelíes y no permite que sus pasaportes o documentos sean sellados.

Además, desde 2012, se aprobó la pena de muerte por blasfemia, ley que incluso puede perjudicar a los musulmanes por hacer comentarios que el gobierno considere “inapropiados” o ser acusados de apóstatas como el caso del blogger saudí Raif Badawi.

Entonces, ¿podría cambiar cualquier día la situación?

Todo parece indicar lo contrario, estos regímenes solo son aliados de palabra, la mayor parte de sus acciones son para nosotros una apuñalada por la espalda. Algunos lo razonan según la “realpolitik” similar a la alianza entre las democracias occidentales con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial para acabar con la Alemania Nazi y Japón, pero esta alianza nos está haciendo más daño que bien. ¿Cómo sabemos que tarde o temprano no serán más abiertamente hostiles como la República Islámica de Irán? (que supuestamente nos están apoyando para vencerla).

Ese aspecto estético similar al occidental que tienen sus ciudades y parte de su lujoso estilo de vida, es una fachada de que en esos países, culturalmente siguen atrasados con respecto a Occidente en cuanto a los derechos de las minorías religiosas, los homosexuales, las mujeres y los ateos.

Ni todo el dinero del mundo podrá comprar esa actitud liberal característica de los europeos y americanos.

Es un buen momento para hacerse estos cuestionamientos válidos.

Nunca jamás: la tragedia de los armenios

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Según la tradición bíblica, el arca de Noé se estacionó en el monte Ararat (actualmente cerca de la frontera con Turquía e Irán), por lo que muchos podrían tener cierta familiaridad con Armenia.

Fue el primer pueblo de la Antigüedad en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301, marcando una nueva etapa para su historia. Pasó a ser gobernada otros siglos por el imperio bizantino, los califatos árabes, Persia, Rusia y finalmente el Imperio Otomano.

Los armenios, al igual que otras minorías cristianas en el califato turco, estuvieron restringidos en derechos civiles a diferencia de sus conciudadanos musulmanes, como el estipulado por el pacto de Umar, según el cual, no podían construir nuevos templos religiosos.

En las provincias orientales, su trato fue negativo, por lo general, se les sometía a secuestradores, a explotación laboral y excesivas cargas fiscales. Esto hizo que a mediados del siglo XIX, las potencias europeas cuestionaran el trato de este estado con su población cristiana, presionándolo para mejorar sus condiciones de vida.

El independentismo afloró en los armenios en esa época inspirado por las rebeliones de Rumania, Bulgaria, y Serbia, que estaban aprovechando la decadencia del imperio. Sin embargo, desde fines del siglo, el sultán Ahmed Hamid II empezó a verlos como amenaza, llegando a haber masacres en su periodo.

Un vicecónsul francés llegó a declarar que el Imperio Otomano tenía como objetivo «aniquilar gradualmente a los elementos cristianos, dando a los jefes kurdos carta blanca para hacer lo que quisieran, desde enriquecerse de los bienes de los cristianos, hasta satisfacer sus caprichos sexuales, fueran mujeres o niños…».

Incluso la prensa occidental mostró desdén por la situación.

El comienzo del genocidio se conmemora el 21 de abril de 1915, cuando las autoridades otomanas arrestaron a más de 200 miembros de la comunidad armenia en Estambul, para que días después, el número de detenidos aumentara a más de 600.

Desde el 29 de mayo, con la aprobación de la ley Tehcir, que otorgaba facultad al gobierno para deportaciones arbitrarias en tanto “se percibiera como una amenaza para la seguridad nacional”, varios líderes armenios fueron arrestados y asesinados.

Incluso llegaron a haber documentos en Occidente de testigos que narraban sobre la confiscación y masacre arbitraria y sistemática de armenios. El gobierno puso una red de 25 campos de concentración para eliminar a quienes hubieran sobrevivido a las duras condiciones de las marchas mortales. Esa red, actualmente situada entre las fronteras turcas con Irak y Siria, la dirigió Sukru Kaya, mano derecha de Talaat Pasha (uno de los principales miembros del movimiento de los Jóvenes Turcos).

Eitan Belkind, miembro de un grupo judío infiltrado y encubierto en el ejército otomano, fue testigo de la quema de 5 000 armenios. Este método, así como el ahogamiento, la inanición, las intoxicaciones e inoculación del tifus fueron algunos de los métodos que los oficiales turcos utilizaron para su propósito aberrante.

Las estimaciones de historiadores occidentales coinciden que entre 800,000 y 1.5 millones de armenios murieron en manos de los jóvenes turcos por persecución gubernamental. No conformes con eso, también torturaron y masacraron entre 500,000 y 900,000 griegos pónticos y entre 250,000 y 750,000 asirios.

Se le considera el primer genocidio moderno (del que Turquía tiene una política de Negacionismo oficial).

Autores y personalidades como Winston Churchill, Gertrude Bell, Henry Monrghentau, Theodore Roosevelt, Stephen Wise, Arnold Toynbee, Raphael Lemkin (quien creó el término “genocidio” para describer este y sucesos similares), Elie Wiesel, y Bat Ye’or, han hablado sobre el genocidio armenio y lo han condenado.

Los historiadores creen que las principales motivaciones eran nacionalistas étnicas (Fa’iz el-Ghuisein) y panislamismo yihadista (Bat Ye’or). Arnold Toynbee y otros historiadores coinciden en que ambas ideologías jugaron un papel importante en la política genocida, pues mientras algunos se salvaron al convertirse, otros aún conversos, fueron asesinados.

Hay una amplia evidencia histórica, de que la Alemania Nazi se inspiró en el genocidio armenio para llevar a cabo el Holocausto en Europa. Los armenios fueron los primeros en averiguar lo peligrosas que son las lecciones no aprendidas de la historia.

Inquietantes cuestiones sobre la causa palestina

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Los partidarios de la yihad genocida… perdón, de la causa humanitaria palestina, deberían examinar las razones por las que ellas encuentran atractiva la causa a sus intereses.

Para empezar, deben plantearse inquietudes que se pueden hacer con una saludable dosis de pensamiento crítico:

El aborto de estado que hoy es Palestina, se declaró independiente de forma unilateral por la OLP en Argelia en 1988 (es decir, sin siquiera declararse en el territorio que demandan sin ejercer control alguno ahí). Reclaman el territorio de Judea, Samaria y Gaza, que en realidad estuvieron bajo soberanía de Jordania y Egipto entre 1949 y 1967, y jamás reclamaron soberanía ni siquiera de forma violenta contra esos países (Jordania renunció a reclamar Judea y Samaria, e Israel retiró a los judíos de Gaza con ayuda del ejército en 2005, legalmente serían zonas en disputa, y no territorios ocupados).

Si la causa palestina fuera legítima, y los palestinos realmente quisieran un estado prospero, hubieran aceptado las ofertas anteriores que rechazaron recalcitrantemente, los activistas occidentales pro-palestinos estarían preocupados por los palestinos discriminados o maltratados en Egipto, Siria, Jordania o Líbano; además, ¿no les llama la atención que Palestina sea un territorio con dos distintas facciones, una islámica-yihadista en Gaza gobernada por Hamás y otra panarabista-socialista en Ramala?

Detalles demasiado importantes para pasar por alto.

El tranquilizante mito del islam moderado

Cuando lees a alguien hablar sobre que no existe islam “moderado”, probablemente suenan tus alarmas internas que posiblemente pienses que de alguna forma, estoy acusando a todos los musulmanes de ser terroristas suicidas o algo por el estilo. Sin embargo, la discusión no es sobre eso.

El punto, es si es correcta la dicotomía “musulmán moderado/musulmán extremista”. He leído varios artículos y ensayos que postulan una tesis interesante, que tiene bastante sentido, y con lo que francamente estoy de acuerdo. Como toda la información está en inglés, he decidido intentar explicar lo que dicen esos autores.

Vemos que el mundo musulmán es variado en sí mismo. Lo une la religión pero a la vez lo divide su forma de practicarla y aplicarla. Países como Egipto, Marruecos, Siria, Líbano, Turquía o Malasia han permitido la penetración de mucha influencia cultural moderna y occidentalizada, a tal punto de que es común ver mujeres sin velo ahí, así como cines, restaurantes o universidades donde enseñan idiomas europeos.

No obstante, hemos visto musulmanes, tanto de crianza como de conversión, en entornos occidentales, volverse extremistas, violentos e intolerantes, por lo que ¿Por qué deberíamos pensar que los países musulmanes moderados no serían la excepción a esto?

En el moderado Egipto nació la organización islámica Hermanos Musulmanes, de donde tienen sus raíces ideológicas prácticamente todos los grupos terroristas yihadistas conocidos –Al Qaeda, Hamás, ISIS, Al Nusra— y es común el acoso sexual contra las mujeres.

En la moderada Siria, donde aunque Bashar Asad hizo algunas reformas que intentaron hacerla más avanzada, incluso antes de la guerra era común la represión política y los crímenes relacionados al honor.

En la moderada Malasia, el año pasado vetó de entrar a los atletas israelíes que iban a competir en los Juegos Paralímpicos 2018, razón por la que dejó de ser anfitriona.

En el moderado Líbano, donde Siria invadió durante la guerra civil, el gobierno está actualmente controlado por Hezbolá, grupo patrocinado por Irán, y la mitad de los musulmanes libaneses tienen puntos de vista favorables a ellos.

En la moderada Turquía, la agenda islamista de Erdogan ha renacido, y en su pasado relativamente reciente, fue responsable del genocidio armenio, griego y asirio, así como hoy es responsable de ocupar el norte de Chipre.

Y en la moderada Libia, grupos terroristas como Sendero Luminoso, Al Qaeda o IRA fueron entrenados, y fue el país de donde procedieron los autores del atentado contra el vuelo 103 de Pan Am sobre el Reino Unido en 1988.

Ahora, hablemos de los individuos que profesan el islam.

Los musulmanes que vemos diariamente en nuestro entorno, que conviven pacíficamente con otros miembros de la comunidad, y tienen preocupaciones cotidianas como las nuestras, son musulmanes no practicantes o latentes. Sus creencias no los estimulan, si no que los deja relajados. Algunos incluso solo saben los aspectos básicos de su fe, otros intentan practicar únicamente los famosos cinco pilares y reinterpretar lo que hay en el texto religioso.

Otros, los musulmanes militantes, o activos, son los que se encuentran estimulados a realizar una yihad (la misión divina islámica de expandir la ley islámica en todas partes). Estos pueden, desde fundar partidos u organizaciones políticas islámicas (como ya está sucediendo en Estados Unidos, Canadá, Bélgica, España), hacer disturbios violentos, crímenes sexuales o de honor y predicas de odio (Francia, Alemania, Suecia, Dinamarca) o directamente perpetrar ataques terroristas, incluso suicidas, guerras, persecución, genocidio (en países de mayoría musulmana o países limítrofes con estos).

El islam tradicional no puede ser moderado. La definición que tiene el gobierno británico de extremismo islámico (Toda forma de islam que se oponga a la democracia liberal, los derechos humanos, el estado de derecho, la libertad religiosa y personal) es en realidad de la forma más pura de islam, tal como fue practicada por Mahoma y sus sucesores inmediatos.