Feministas árabes-palestinas y su manifestación de odio en la embajada de Israel en Chile

En idioma árabe, jóvenes chileno-palestinas replican intervención feminista de LasTesis

En una protesta feminista a gran escala en algunas capitales occidentales (Santiago de Chile, Bogotá, Ciudad de México, Nueva York, París, etc.) donde cantaban una estúpida canción culpando a los hombres de violaciones, y básicamente las continuas acusaciones de un “patriarcado “, en Chile había un punto de inflexión.

Cerca de la embajada de Israel, un grupo de feministas chilenas de ascendencia árabe-palestina entonó la canción de odio acusando al estado judío de algo así como un apartheid y patriarcado sionistas.

Estoy sorprendido por eso.

Mientras tanto, Turquía está reprimiendo la marcha de la canción de odio “un violador en su camino”, e Irán ha reprimido muchas manifestaciones de los derechos de las mujeres contra el régimen del ayatolá, además de la continua opresión de las mujeres bajo el gobierno de la Autoridad Palestina, a las feministas occidentales parece no importarles al respecto

Deberían protestar contra las embajadas iraníes, turcas y palestinas si se preocupan por los derechos de las mujeres, pero no. Sería “islamofóbico”.

Israel es el mejor país para las mujeres en el Medio Oriente, en términos de derechos e integración social. Además, las feministas no protestaron frente a la sede de la ONU en Nueva York o Ginebra cuando ONU Mujeres le dio a Yemen el liderazgo de su división de equidad de género (cuando según sus PROPIOS datos, Yemen es el peor país para las mujeres en todo el mundo)

Además, las feministas o no se dan cuenta o peor, se dieron el crédito de los verdaderos logros de los derechos de las mujeres en países donde las golosinas misóginas son endémicas. Recientemente, Sudán, como parte del desmantelamiento del régimen de Omar al-Bashir, ha eliminado la prohibición de que las mujeres usen pantalones, vayan a la universidad, hablen con hombres al azar y se quiten el velo, entre otros.

En un mundo ideal, las feministas occidentales dominantes apoyarían a esas mujeres valientes oprimidas en otras culturas, pero prefieren culpar a Israel y apoyar un régimen que aliente el terrorismo suicida con motivaciones genocidas y sus respectivos hombres que explotan por sus 72 vírgenes.

Su odio contra los hombres (y el estado judío) es mayor que su amor por los derechos de las mujeres.

Enemigo interno: cómo Argentina podría ponerse en peligro nuevamente

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En la década de 1990, hubo dos ataques terroristas islámicos en Argentina, uno dirigido contra AMIA y otro contra la embajada israelí. Ambos fueron perpetrados por Hezbollah, el grupo terrorista libanés patrocinado por Irán.

No es un secreto que Hezbolá está ingresando en América Latina desde hace muchos años, y se financia principalmente a través del lavado de dinero y el tráfico de drogas.

Hezbolá fue fundada en 1982 en el Líbano, durante la guerra civil. Irán lo creó para extender su influencia en Medio Oriente, cerca de Israel. Según el Proyecto de Contra-extremismo, hasta el 11 de septiembre de 2001, Hezbolá fue responsable de matar a más estadounidenses que cualquier otra organización extranjera.

En general, el grupo atacó objetivos israelíes y occidentales, como los atentados suicidas de 1983 contra los militares estadounidenses y franceses. Después de eso, en la década de 1990, atacaron a Argentina, y en 2012, un autobús en Bulgaria, etc. Esas acciones describen a Hezbolá como una organización terrorista.

Muchos países occidentales lo consideran terrorista (o al menos el ala armada), como la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Reino Unido, Francia, Alemania, Israel, Países Bajos, Paraguay, Venezuela (bajo el gobierno de Guaido).

Sin embargo, recientemente, el nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, está pensando en eliminarlo de la lista de organizaciones terroristas, debido a que “también es una organización política con representación en el parlamento libanés”.

Esto sería peligroso, no solo para la política exterior de Argentina, si no también con el hecho de que el grupo terrorista chiíta podría realizar sus operaciones sin castigo dentro de las fronteras argentinas, permitiendo la influencia del régimen de ayatolá de Irán.

Cada país latinoamericano debe comenzar a tener una política exterior más hostil a las organizaciones terroristas extranjeras, no importa si son islámicas, comunistas, nazis o raciales, o operarán en las sombras o a la luz del día, hasta que día en que nos atacan.

¿Que teme Arabia Saudí?

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Recientemente, el Instituto de Investigación de Medios de Oriente Medio (MEMRI) publicó un informe sobre un video del gobierno saudita que etiqueta la homosexualidad, el feminismo, el ateísmo y la occidentalización como “ideas extremistas”.

Después de eso, el video fue eliminado porque recibió varias críticas. El video fue publicado el 8 de noviembre de 2019 por el departamento general de lucha contra el extremismo, que forma parte de la Presidencia de Seguridad del Estado.

Etiquetar el feminismo como una idea extremista, permite en el régimen arrestar y encarcelar a todo tipo de activistas por los derechos de las mujeres en el reino. El video fue publicado en Twitter, fue alabado por algunos, pero rápidamente criticado por otros.

Según MEMRI, la creciente preocupación por las críticas que se propagan fuera de las fronteras sauditas y llegan a la audiencia occidental, provocó el distanciamiento del gobierno y el vídeo salió de circulación.

Después de cuatro días, hubo una declaración oficial del gobierno que decía que ese vídeo “contenía muchos errores en su definición de extremismo”.

Esta no es la primera vez que el gobierno saudita muestra hostilidad a la cultura occidental.

En 2016, hubo un proyecto del Ministerio de Educación de Arabia Saudita en el que “vacunarían” contra la occidentalización, el liberalismo, el secularismo y el ateísmo. Los medios sauditas junto con algunos ciudadanos criticaron este proyecto.

Estos dos casos muestran las siguientes conclusiones:

Hay un creciente sentimiento de simpatía por el estilo de vida occidental y sus libertades y derechos civiles entre los ciudadanos sauditas. Un ejemplo de esto es el hecho de que muchos periodistas, intelectuales y blogueros en esa sociedad buscan una normalización de las relaciones diplomáticas con Israel y elogian la civilización occidental.

Eso ha producido una respuesta ambivalente por parte del gobierno. El primero es adoptar algunas reformas para el blanqueo del régimen, especialmente incitado por el príncipe Mohammed bin Salman, como permitir que las mujeres voten en las elecciones municipales, la reducción de la influencia de la policía religiosa y la diversificación de la economía.

Pero como no todo lo que brilla es oro, de otra manera, el gobierno de Arabia Saudita sigue reprimiendo a los activistas de derechos humanos, financiando el islam militante en Occidente, apoyando a los yihadistas en las guerras de Siria y Yemen, e incitando un sentimiento antioccidental entre los niños.

En resumen, las autoridades sauditas temen que el régimen se desestabilice o incluso caiga, cuando los sauditas se dan cuenta del abuso de la teocracia, y el mundo occidental se da cuenta de lo oprimidos que están los liberales sauditas y sus intentos por ser escuchados en todo el mundo.

La lucha palestina no tiene sentido: Por que darles un estado es mala idea

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Los puntos de vista convencionales sobre el conflicto árabe-israelí generalmente incluyen una “solución de dos estados” (aunque nunca he visto un “pro-palestino” que diga que Israel tiene derecho a existir, y siempre tiene una salmodia antisionista).

Pero, ¿por qué en el lado sionista sigue victimizandolos?

Además, muchos sionistas han interiorizado su narrativa usando términos como “territorios ocupados”, “Cisjordania” y asumimos que el palestino a pie sufre bajo el gobierno de Hamas y Fatah, lo cual es cierto, sin embargo, ¿quién votó por ellos? ¿Y quién no se ha rebelado contra ellos todavía?

Ahora, durante la guerra entre la Yihad Islámica e Israel, un cohete lanzado contra el estado judío cayó en un edificio de apartamentos dentro de la franja de Gaza. Los medios antiisraelíes y las ONG como Amnistía Internacional CULPAN a Israel diciendo que lanzaron el cohete contra los “palestinos-pobres-y-oprimidos-por-los-colonos-sionistas”.

Aunque también se enfrentaron a las consecuencias del terrorismo interminable contra los civiles israelíes, de hecho fueron quienes votaron por Hamas después de que las FDI dejaron Gaza en 2005 y los árabes en Judea y Samaria eligieron a Fatah para gobernar la llamada “Autoridad Palestina”.

Ahora, en el mundo islámico existen muchas personas enfermas y malvadas (de hecho, están en todo el mundo independientemente de la religión, el sexo o el origen étnico), pero ahí, la religión les enseña a serlo.

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Segunda Intifada. En el otoño del 2000, dos soldados israelíes fueron asesinados por hordas palestinas en Ramala cuando ingresaron por error a la ciudad.

Los palestinos tienen opiniones enfermas e intolerantes generalizadas. Y aquí los hechos:
El 93% de los árabes en los “territorios palestinos” tienen puntos de vista antisemitas según la Liga Anti-Difamación.
El 89% de los musulmanes palestinos apoya la Ley Sharia, según un estudio de 2013 de Pew Research.
El 66% de los musulmanes palestinos apoya la muerte por apostasía, según el mismo estudio.
El 90% de los palestinos apoyaron matar tropas occidentales en Irak según datos de 2009 (incluso cuando reciben ayuda occidental).
El 68% de los musulmanes palestinos dijo que los atentados suicidas contra civiles eran justificables según Pew en 2011 (una cultura del martirio islámico)
El 51% de los palestinos pensaba en 2001, que el 11 de septiembre era un complot judío. (No fue una sorpresa verlos celebrar el ataque de Nueva York de todos modos)
El 65% de los palestinos apoyaron los asesinatos de Al Qaeda contra civiles occidentales en 2005. (¡Incluso hoy, cuando los terroristas islámicos atacan a Israel, celebran la muerte de judíos con dulces!). El 80% de los palestinos apoya los ataques terroristas contra ciudadanos israelíes según una encuesta de fines de 2014.

Un niño árabe palestino en Gaza celebrando el ataque suicida en Dinoma en 2008. Foto: Reuters.


Y según las encuestas de 2013:
El 62% de los palestinos apoya el atentado suicida (el fenómeno islamikaze, nuevamente).
El 48% de los palestinos apoya al genocida Hamas.
El 43% de los palestinos apoya al títere libanés iraní Hezbollah.
El 35% de los palestinos apoya al suicida psicópata Al Qaeda.
El 29% de los palestinos apoyan a los talibanes tribales misóginos.

Puede verificar sus medios y su comportamiento como sociedad en organizaciones como Middle East Monitor and Research Institute (MEMRI) y la organización de vigilancia israelí Palestinian Media Watch, buscando comportamientos y puntos de vista de los palestinos como discurso de odio, negación del derecho de autodefensa judía , antisemitismo, negación y revisionismo, violencia y terror, niños y educación, islamismo y odio a Occidente, abusos contra los derechos humanos, etc.

El salvajismo islamista es la norma en la sociedad palestina, y al darles un estado el conflicto con Israel empeoraría (Aunque los tontos útiles a favor de Palestina no quieran aceptarlo). Lo hemos visto, desde que se firmaron los Acuerdos de Oslo y en 2000, comenzó la Segunda Intifada (que resultó en más de mil muertes israelíes), y cuando Israel retiró la Franja de Gaza en 2005, lo que resultó en guerras contra Hamas y la Yihad Islámica Palestina, con picos en 2012 y 2014, y más recientemente en 2018 y en curso.

El estado actual de los derechos humanos en la Autoridad Palestina de Fatah y la Franja de Gaza de Hamas no debería sorprendernos. Y el constante apoyo árabe-palestino (mutuo) de tiranías como la Alemania nazi, la Unión Soviética, Corea del Norte, el Irak de Saddam Hussein, etc. (dato curioso: Arafat y Abbas eran agentes pro-soviéticos).

Siempre alineados con regímenes e ideologías totalitarias que buscan la destrucción de Israel y el genocidio de los judíos.

Como Daniel Polisar, un profesor israelí, dijo en su brillante ensayo “¿Qué quieren los palestinos?“:
“Estas actitudes populares también dificultan a los funcionarios palestinos limitar su propia incitación a la violencia o desplegar fuerzas de seguridad vigorosamente para frenar los ataques. Mientras la opinión popular palestina permanezca donde está, las erupciones de violencia siempre serán posibles, y una vez comenzado puede escalar fácil y rápidamente “.

Y como dijo Don Watkins, “nadie tiene derecho a establecer un gobierno a menos que sea un gobierno libre, democrático y secular. Solo las naciones libres tienen derecho a existir”.

Los líderes árabes e islamistas usan a la causa “palestina” para destruir Israel, tanto como para acabar con el enclave occidental por excelencia del Medio Oriente, como para acabar con el único Estado judío del mundo.

Me parece vergonzoso -Por Oriana Fallaci

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Oriana Fallaci (1929-2006)

Excelente artículo de la brillante periodista italiana Oriana Fallaci, en 2002, durante la Segunda Intifada como respuesta al apoyo de la izquierda revolucionaria a los islamistas palestinos:

“Me parece vergonzoso que en Italia se haga una manifestación en la que unos individuos, vestidos de kamikazes, corean injurias infames contra Israel, levantan fotos de líderes israelíes en cuyas frenteshan  dibujado la  esvástica, incitan al pueblo a odiar a los judíos. Y que con tal de ver a los judíos en los campos de exterminio, en las cámaras de gas, en los hornos crematorios de Dachau y de Mathausen y de Buchenwald y de Bergen-Belsen, etcétera, venderían a su propia madre a un harem.

Me parece vergonzoso que la Iglesia Católica permita que un obispo que vive en el Vaticano, un hombre piadoso que fue encontrado  en Jerusalén  con  armas y explosivos escondidos en el compartimiento  secreto de su sagrado Mercedes Benz, participe en esa manifestación y se ponga delante de un micrófono para dar las gracias, en nombre de Dios, a los kamikazes que masacran judíos en las pizzerías y en los supermercados.  Llamándolos “mártires que van a la muerte como quien va a una fiesta”.

Me parece vergonzoso que en Francia, la Francia de la Libertad- Igualdad- Fraternidad, quemen sinagogas, aterrorizan a los judíos,  profanen sus cementerios. Encuentro vergonzoso que en Holanda y en Alemania y en Dinamarca, etcétera,  los jóvenes hagan alarde del kaffiah igual que la avant gard de Mussolini lo hacía con la porra y su insignia fascista. Encuentro vergonzoso que, en casi todas las universidades europeas, los estudiantes palestinos patrocinen  y alimenten el antisemitismo. Que en Suecia pidieran que el  Premio Nobel de la Paz otorgado a Shimon Peres en 1994 le sea retirado y conferido a la  paloma de la paz con el ramo de olivo en el pico, es decir a Arafat.  Me parece vergonzoso que distinguidos miembros del Comité, un Comité que (al parecer ) premia el color político en lugar del mérito, hayan tomado en consideración la demanda y piensen llevarla a cabo. Al infierno el Premio Nobel y honor a quien no lo recibe.

Me parece vergonzoso (estamos otra vez en Italia) que los canales de televisión del estado  contribuyan al  resurgimiento del antisemitismo, llorando sólo a los muertos palestinos, silenciando los muertos israelíes, hablando de una forma veloz y muy a menudo con un tono distraído de ellos. Encuentro vergonzoso que en los debates acojan con mucho respeto a canallas con turbante o con el kaffiah  que ayer festejaban la matanza de Nueva York  y que hoy festejan las de Jerusalén, Haifa,  Netanya, Tel Aviv.
Me parece vergonzoso que la prensa haga lo mismo, que estén indignados porque en Belén los tanques israelíes rodeen la iglesia de la Natividad y que no estén indignados porque en la misma iglesia 200  terroristas palestinos bien armados con proyectiles y explosivos (y entre ellos varios jefes de Hamas y Al-Aqsa) sean indeseados huéspedes de los curas (que luego aceptan de los militares de los tanques botellas de agua mineral y  tarros de miel). Me parece vergonzoso que al dar el  número de muertos judíos desde el  inicio de la Segunda Intifada, (412), un conocido diario consideró apropiado poner en letras mayúsculas que habían muerto más personas  en accidentes de tránsito (600 por año).

Me parece vergonzoso que el “Osservatore Romano”,  el diario  del Papa, un Papa que hace poco  dejó en el Muro de los Lamentos una carta de perdón a los judíos, acuse de extermino a un pueblo que fue exterminado por millones por cristianos. Por europeos. Me parece vergonzoso que este diario le niegue a los sobrevivientes de ese pueblo, sobrevivientes  que todavía  tienen tatuados los números en sus brazos, el derecho de reaccionar, de defenderse, de no ser nuevamente exterminados. Me parece vergonzoso que en nombre de Jesucristo (un judío sin el cual todos ellos estarían seguramente desempleados) los curas de nuestras parroquias o centros sociales, o lo que sean, estén de amores  con los asesinos de aquellos que, en Jerusalén, no puede ir a comer pizza o a comprar huevos sin ser víctimas de una explosión. Me parece vergonzoso  que estén del lado de los mismos que inauguraron el terrorismo matándonos en los aviones, en los aeropuertos, en las Olimpiadas y que hoy se divierten matando periodistas occidentales fusilándolos,  secuestrándolos, cortándoles la garganta,  decapitándolos. (Hay alguien en Italia que, después de la publicación de “La Rabia y el Orgullo”,  quiere hacer lo mismo conmigo. Citando los versos del Corán anima a sus “hermanos”  en  las mezquitas y  en la Comunidad Islámica,  a castigarme en nombre de Alá. A matarme. O mejor, a morir conmigo. Y como es un tipo que  conoce muy bien el inglés, en inglés  le contesto:”Fuck you”).
Me parece vergonzoso que casi toda la izquierda, esa izquierda que hace veinte años permitió que una de sus manifestaciones pusiera un ataúd (cual advertencia mafiosa) delante de la sinagoga de Roma, se olvida de la  contribución hecha por  los judíos en la lucha antifascista.   La contribución de Carlo y Nello Rosselli, por ejemplo; de Leone Ginzburg,  de Umberto Terracini,  de Leo Valiani,  de Emilio Sereni; de  mujeres como mi amiga Anna María Enriques Agnoletti, que fue  fusilada en Florencia el 12 de junio de 1944.  Se olvide de la contribución de 75  de las 335 personas asesinadas en la Fosas Ardeatinas; de  la cantidad infinita de muertos bajo  tortura, en combate o delante de los pelotones de fusilamiento.  (Mis compañeros, mis maestros de infancia y de mi  primera juventud).

Me parece vergonzoso que también por culpa de la izquierda, o mejor dicho sobretodo por culpa de la izquierda (piensen  en la izquierda que inaugura sus congresos aplaudiendo al representante de la OLP, líder en Italia  de los palestinos que quieren la destrucción de Israel) los judíos en  las ciudades italianas tengan, otra vez, miedo. Y en las ciudades francesas y holandesas y danesas y alemanas, etc., es lo mismo. Me parece vergonzoso que los judíos tiemblen de miedo cuando pasan los canallas vestidos de  kamikaze, igual que temblaban en Berlín  la Noche de los Cristales Rotos, es  decir, la noche en la que Hitler declaró  “temporada abierta” para la caza del judío.
Me parece vergonzoso que, obedeciendo a la estúpida, ruin, deshonesta y para ellos ventajosa moda de lo Políticamente Correcto, los oportunistas de siempre, mejor dicho los parásitos de siempre, exploten la palabra “paz”.  Que en el nombre de la palabra “paz”, ahora más pervertida  que las palabras “amor” y “humanidad”, absuelvan a un sola parte del  odio y la bestialidad.  Que en nombre del pacifismo (léase conformismo) permitan a los grillos cantores  y a los bufones que antes lamían los pies de Pol Pot,  incitar a la gente ingenua, confundida o intimidada. Que la engañen, la corrompan, la lleven medio siglo atrás, a los tiempos de la estrella amarilla en el abrigo. Estos charlatanes que se preocupan por los  palestinos lo mismo que yo me preocupo por los charlatanes. Es decir, nada.

Me parece vergonzoso que tantos italianos y tantos europeos hayan elegido como su abanderado al señor (por decirlo cortésmente)  Arafat. Este don nadie  que gracias al dinero de la Familia Real Saudita  juega a ser Mussolini a perpetuidad  y que, en su megalomanía, cree que pasará a la historia como el George Washington de Palestina. Este inculto que cuando lo entrevisté ni siquiera fue capaz de armar una frase completa, de sostener una conversación articulada.  Al transcribir la entrevista para su publicación tuve que hacer un esfuerzo tan grande que llegué a la conclusión de que, comparado con él, hasta Gadafi sonaba como  Leonardo da Vinci. Este falso guerrero que anda  siempre en uniforme como Pinochet, que nunca se pone un traje civil,  y que en toda su vida nunca participó  en una batalla. La guerra  la manda a hacer, siempre la ha mandado a hacer, a los demás. A  los pobres idiotas que creen en él. Este pomposo incompetente  que, actuando  como si fuera  un jefe de estado, ha hecho naufragar los acuerdos de Camp David, la mediación de Clinton: “No-no-Jerusalén-la-quiero-toda-para-mí.”  Este eterno mentiroso que sólo tiene un destello  de sinceridad  cuando (en privado) niega siempre el derecho de  Israel a existir, y que, como digo en mi libro, se contradice cada cinco segundos. Siempre está engañando, miente incluso cuando le preguntas qué hora es, así que nunca puedes confiar en él.  ¡Nunca! Con él acabas sistemáticamente traicionado. Este eterno terrorista que sólo sabe ser un  terrorista (eso sí, sin  arriesgar su pellejo) y que cuando tenía cerca de  setenta años, es decir cuando lo entrevisté, todavía entrenaba a los  terroristas de la Baader-Meinhof. Con ellos, niños de diez años de edad. Pobres niños. (Ahora los entrena para  convertirlos en atacantes suicidas.  Cien niños-kamikazes están entrenándose para morir: ¡cien!) Este canalla que mantiene a su  esposa en Paris, atendida  y reverenciada como una reina, y mantiene su pueblo en la mierda. Lo saca de la mierda sólo para mandarlo a morir, para  matar o para  morir.  Como las chicas de 18  años que,  para tener igualdad con los hombres,  tienen que amarrarse explosivos y desintegrarse con sus victimas. Este presunto revolucionario que, a su propio pueblo, nunca le ha dado una pizca de democracia. No hablo de la verdadera democracia que disfrutan los israelíes. Quiero decir ni una diminuta pizca de democracia. Y sin embargo muchos italianos lo aman, sí. Exactamente como amaban a Mussolini. Y muchos otros europeos también.

Me parece vergonzoso. ¡Sí!  Y  veo en todo esto el surgimiento de un nuevo fascismo, un nuevo nazismo. Un fascismo, un nazismo, más siniestro y despreciable porque está dirigido y alimentado por aquellos que, hipócritamente,  posan como  bienhechores, progresistas,  comunistas,  pacifistas, católicos, mejor dicho  cristianos, y que tienen el coraje de etiquetar como belicista a cualquiera que, como yo,  grita la verdad. Que como yo siempre gritaron contra la guerra. Tanto como ellos jamás podrían hacerlo. Veo  la aparición de un nuevo demonio. Sí. Y digo lo siguiente. 


Nunca he sido tierna con la  trágica y shakesperiana figura de  Sharon. “Se que ha venido a agregar un nuevo cuero cabelludo a su collar”,  murmuró  casi con tristeza cuando fui a entrevistarle en 1982.  Frecuentemente tuve desacuerdos con los israelíes, horribles, y en el pasado he  defendido mucho  a los palestinos. Tal vez  más de lo que se merecían.


Pero estoy con Israel, estoy con los judíos. Lo estoy como lo estuve cuando era joven, durante el tiempo que luché con ellos, cuando  Anna María murió fusilada  Defiendo su derecho a existir, a defenderse,  a que no sean  exterminados por segunda vez. Y disgustada por el antisemitismo de tantos italianos, de tantos europeos, me averguenzo de esta vergüenza que deshonra a mi país y a Europa. En el mejor de los casos, Europa no es una Comunidad de Estados, sino un pozo de Poncios Pilatos.


Y aunque todos  los habitantes de este planeta pensaran de otra manera, yo seguiré pensando así.”

© Oriana Fallaci

¿Islamista, yihadista o musulmán?

Aunque el islam como uno, es una religión, hay varias cuestiones que lo desvían de ser un bloque monolítico.  Aun cuando tienen en común ser miembros de una misma religión –islam- su importancia geopolítica puede ordenarse jerárquicamente en función a ciertos criterios, como: ¿Qué tanto comparten la filosofía de expandir la Sharia? O mejor aún, ¿apoyarían la yihad armada para imponerla?

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El imam australiano Mohammed Tawhidi. Los islamistas lo odian.

-Musulmán ordinario: es la persona que se identifica con la religión islámica por afiliación simple. El musulmán promedio que se considera moderado en realidad se encuentra anestesiado por su fe, únicamente practicando su dimensión interior. Se limita a rezar en sus mezquitas y en guardar dieta halal. Generalmente esta clase de miembros de la comunidad islámica no tienen del todo difícil asimilarse en sociedades no musulmanas, y tienen preocupaciones cotidianas. Sin embargo, los que viven en países musulmanes como Egipto, Siria, Iraq, tienen creencias muy conservadoras arraigadas, y en cierto punto pueden compartir el pensamiento islamista (a tal punto de empoderarlos).

En esta categoría pueden entrar incluso musulmanes de tendencia liberal y disidente, como Raheel Raza, el imam Mohammed Tawhidi, Sara Zoabi, Kasim Hafeez, etc.

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Anjem Choudary. En 2014 le dijo a Clarion Project que decapitar estaba justificado por el islam.

-Islamista: es el musulmán que se busca activamente la creación de una sociedad más teocrática. Son una fuerza política que busca el imponer comida halal a toda la población, relajar (e incluso eliminar en casos extremos) los castigos legales contra la violencia basada en el honor (común en muchas culturas del tercer mundo), la pedofilia, y la segregación por sexos. También crean sociedades paralelas donde el ánimo religioso y el discurso de odio hacia la sociedad que los rodea se alimenta, y estimula. Algunos islamistas en Occidente se alinearan con causas de izquierda o extrema izquierda para desmantelar la cultura que desprecian desde dentro, o promover una mala política exterior.

En esta categoría entran Ilhan Omar, Rashida Tlaib, Louis Farrakhan, Anjem Choudary, etc.

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Daniel Schneider. El y otros alemanes convertidos al islam fueron juzgados hace años por cargos de un complot terrorista.

-Yihadista: Es un tipo específico de islamista, que promueve la violencia política para lograr sus cometidos en nombre de la religión, o la perpetra. Usan métodos como el secuestro de medios de transporte, atentados suicidas, apuñalamientos a victimas aleatorias, detonaciones de bombas, tiroteos, lanzamiento de misiles, decapitaciones, etc. El terrorismo islámico, fue en 2015, causante del 74% de las causas de muertes relacionadas al terrorismo, atribuido a cuatro grupos: Al Qaeda, Estado Islámico, Boko Haram y los Talibán. Los yihadistas han atacado tanto países musulmanes de África y Asia, como países no musulmanes en Europa, Australia, Estados Unidos, Canadá, Sudamérica, Rusia e India. Lo perpetran con motivaciones religiosas contra civiles e incluso a veces de forma sectaria (es decir, sunníes contra chiitas o contra no practicantes o musulmanes liberales).

Ejemplos: Osama bin Laden, el ya muerto Al-Baghadi, Amedy Coulibaly, Aaron Yoon, Eric Harroun, Muriel Degauqe, Daniel Schneider, David Hicks.

La civilización no se compra con dinero: el caso de las monarquías del Golfo Pérsico

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Infraestructura extravagante, grandes rascacielos, automóviles de lujo, grandes mansiones, son algunas de las cosas que asociamos a las monarquías del Golfo Pérsico (es decir, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán). Esos países son escandalosamente ricos debido (principalmente) al petróleo. Petróleo y clientes occidentales que dependen de él.

Claramente, estos países tienen un buen nivel de vida que incluso es comparable con algunos lugares en el mundo industrializado (esperanza de vida relativamente alta, alto PIB per cápita, seguridad …)

Pero, no todo lo que brilla es oro.

En un sentido de política exterior, esos países (excepto Omán) tienen un doble juego. Afirman ser “aliados” de las democracias occidentales, los ayudan a atrapar a los terroristas y a dar información en sus agencias de inteligencia mientras exportan y financian mezquitas salafistas con una ideología religiosa de odio que detesta a la sociedad occidental, judíos, cristianos, hindúes, ateos, homosexuales, mujeres , e incluso musulmanes chiítas y musulmanes disidentes liberales.

Vamos a examinar algunos:

Arabia Saudita

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El Reino de Arabia Saudita se fundó en 1932 cuando la dinastía actual logró conquistar y unir a todas las tribus árabes de esa zona. Descubrieron grandes reservas de petróleo y luego, comenzaron a exportarlo masivamente al extranjero. La religión oficial es el islam, practicada desde la corriente salafista del wahabismo (una aplicación estricta de los principios puritanos y regresivos del Islam). Actualmente, está bajo la vigilancia de varias organizaciones y activistas de derechos humanos que denuncian la trata de esclavos, la discriminación contra las mujeres, la segregación relacionada con la religión (los no musulmanes están prohibidos en La Meca y Medina), las ejecuciones continuas de homosexuales y ateos, la falta de libertad de religión, el arresto de Raif Badawi, el hecho de que son una monarquía teocrática…
La lista de aberraciones en el reino es larga.
Además, desde hace algunos años, se sabe del respaldo de Arabia Saudita y Turquía a los yihadistas de Oriente Medio contra el dictador socialista árabe, Bashar Al Asaad (básicamente matón contra matón) en la guerra civil siria, alarmando a los países occidentales.
Esta no es la primera vez.
En 1996, cuando los talibanes crearon su horrible y misógino régimen en Afganistán, Arabia Saudita, junto con Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos, fueron los únicos países que reconocieron el emirato islámico talibán hasta la intervención dirigida por la OTAN a fines de 2001 cuando cayó.
Más recientemente, hace meses, Christya Freeland, Ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, criticó en Twitter la detención de muchos activistas de derechos humanos por parte del régimen, causando una crisis diplomática que provocó la expulsión del embajador canadiense y el traslado de 15,000 estudiantes sauditas a Estados Unidos y Reino Unido.
MEMRI incluso informó sobre una cuenta saudita que amenazó a Canadá con un ataque terrorista similar al 11 de septiembre. El gobierno saudita ordenó su cierre.
Y esos, sin mencionar el discurso de odio de los libros de texto sauditas (aquí un informe de Freedom House al respecto) y el sentimiento antioccidental dentro del país.

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Qatar

El emirato de Qatar es otro caso de un oscuro historial de los derechos humanos y la exportación del yihadismo (es decir, el pan-islamismo violento) en todo el mundo. Además, tiene un canal patrocinado por el gobierno, Al-Jazeera.

Qatar maltrata a los trabajadores inmigrantes africanos y del sudeste asiático, tiene un gran historial de abusos debido a la preparación de la Copa Mundial de la FIFA 2022 (y no sé por qué la FIFA se opone a los occidentales haciendo gritos “homofóbicos” y no dice nada sobre la falta de derechos de los homosexuales en su amado anfitrión), por otro lado, es interesante porque este país está relativamente más “avanzado” (pero no en estándares aceptables desde que la ley de la Sharia gobierna allí) en materia de derechos de la mujer que otros países de la región.

Eso solo hablando de su política interna. Resulta que el emirato posee su propio canal de propaganda para un público occidental (al igual que Rusia con RT e Irán con HispanTV), que ofrece un discurso progresista light de izquierda para sus audiencias europeas y americanas, mientras que en árabe abunda el discurso del odio.

Qatar también es responsable de financiar mezquitas salafistas en Francia, además de apoyar a los Hermanos Musulmanes e incluso financiar centros culturales islámicos, como éste que solía apoyar en Suiza, justo después de que periodistas franceses sacaran los trapos sucios de ese emirato en el libro “Qatar Papers”.

Curiosamente, la financiación del terrorismo y extremismo fue el principal motivo para la crisis diplomática que lo llevó a tener conflictos con otros países de la región, así que como señala Daniel Pipes, si Arabia Saudí y Egipto saben el peligro que representa, es hora de que Occidente se de cuenta.

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Kuwait

Este pequeño estado petrolífero, fue invadido en 1990 por el ejército de Iraq, en aquel entonces gobernado por Saddam Hussein. Una coalición autorizada por la ONU, y con apoyo de diversos aliados árabes, musulmanes y occidentales liberaron el país a principios de 1991. Kuwait sin embargo, muestra un cierto resentimiento hacia Occidente a pesar de la liberación.

Obviando el hecho de que al igual que otros países donde se rigen por la ley Sharia hay constantes abusos contra los derechos humanos de la población, hay algunos casos puntuales que me gustaría destacar sobre este país.

En 2015, la aerolínea Kuwait Airways canceló sus vuelos de Londres a Nueva York debido a la controversia de que se les negaría la venta de boletos a pasajeros israelíes. Aunque realmente no sorprende, pues al igual que otros países musulmanes, Kuwait prohíbe la entrada de judíos israelíes y no permite que sus pasaportes o documentos sean sellados.

Además, desde 2012, se aprobó la pena de muerte por blasfemia, ley que incluso puede perjudicar a los musulmanes por hacer comentarios que el gobierno considere “inapropiados” o ser acusados de apóstatas como el caso del blogger saudí Raif Badawi.

Entonces, ¿podría cambiar cualquier día la situación?

Todo parece indicar lo contrario, estos regímenes solo son aliados de palabra, la mayor parte de sus acciones son para nosotros una apuñalada por la espalda. Algunos lo razonan según la “realpolitik” similar a la alianza entre las democracias occidentales con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial para acabar con la Alemania Nazi y Japón, pero esta alianza nos está haciendo más daño que bien. ¿Cómo sabemos que tarde o temprano no serán más abiertamente hostiles como la República Islámica de Irán? (que supuestamente nos están apoyando para vencerla).

Ese aspecto estético similar al occidental que tienen sus ciudades y parte de su lujoso estilo de vida, es una fachada de que en esos países, culturalmente siguen atrasados con respecto a Occidente en cuanto a los derechos de las minorías religiosas, los homosexuales, las mujeres y los ateos.

Ni todo el dinero del mundo podrá comprar esa actitud liberal característica de los europeos y americanos.

Es un buen momento para hacerse estos cuestionamientos válidos.

Nunca jamás: la tragedia de los armenios

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Según la tradición bíblica, el arca de Noé se estacionó en el monte Ararat (actualmente cerca de la frontera con Turquía e Irán), por lo que muchos podrían tener cierta familiaridad con Armenia.

Fue el primer pueblo de la Antigüedad en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301, marcando una nueva etapa para su historia. Pasó a ser gobernada otros siglos por el imperio bizantino, los califatos árabes, Persia, Rusia y finalmente el Imperio Otomano.

Los armenios, al igual que otras minorías cristianas en el califato turco, estuvieron restringidos en derechos civiles a diferencia de sus conciudadanos musulmanes, como el estipulado por el pacto de Umar, según el cual, no podían construir nuevos templos religiosos.

En las provincias orientales, su trato fue negativo, por lo general, se les sometía a secuestradores, a explotación laboral y excesivas cargas fiscales. Esto hizo que a mediados del siglo XIX, las potencias europeas cuestionaran el trato de este estado con su población cristiana, presionándolo para mejorar sus condiciones de vida.

El independentismo afloró en los armenios en esa época inspirado por las rebeliones de Rumania, Bulgaria, y Serbia, que estaban aprovechando la decadencia del imperio. Sin embargo, desde fines del siglo, el sultán Ahmed Hamid II empezó a verlos como amenaza, llegando a haber masacres en su periodo.

Un vicecónsul francés llegó a declarar que el Imperio Otomano tenía como objetivo «aniquilar gradualmente a los elementos cristianos, dando a los jefes kurdos carta blanca para hacer lo que quisieran, desde enriquecerse de los bienes de los cristianos, hasta satisfacer sus caprichos sexuales, fueran mujeres o niños…».

Incluso la prensa occidental mostró desdén por la situación.

El comienzo del genocidio se conmemora el 21 de abril de 1915, cuando las autoridades otomanas arrestaron a más de 200 miembros de la comunidad armenia en Estambul, para que días después, el número de detenidos aumentara a más de 600.

Desde el 29 de mayo, con la aprobación de la ley Tehcir, que otorgaba facultad al gobierno para deportaciones arbitrarias en tanto “se percibiera como una amenaza para la seguridad nacional”, varios líderes armenios fueron arrestados y asesinados.

Incluso llegaron a haber documentos en Occidente de testigos que narraban sobre la confiscación y masacre arbitraria y sistemática de armenios. El gobierno puso una red de 25 campos de concentración para eliminar a quienes hubieran sobrevivido a las duras condiciones de las marchas mortales. Esa red, actualmente situada entre las fronteras turcas con Irak y Siria, la dirigió Sukru Kaya, mano derecha de Talaat Pasha (uno de los principales miembros del movimiento de los Jóvenes Turcos).

Eitan Belkind, miembro de un grupo judío infiltrado y encubierto en el ejército otomano, fue testigo de la quema de 5 000 armenios. Este método, así como el ahogamiento, la inanición, las intoxicaciones e inoculación del tifus fueron algunos de los métodos que los oficiales turcos utilizaron para su propósito aberrante.

Las estimaciones de historiadores occidentales coinciden que entre 800,000 y 1.5 millones de armenios murieron en manos de los jóvenes turcos por persecución gubernamental. No conformes con eso, también torturaron y masacraron entre 500,000 y 900,000 griegos pónticos y entre 250,000 y 750,000 asirios.

Se le considera el primer genocidio moderno (del que Turquía tiene una política de Negacionismo oficial).

Autores y personalidades como Winston Churchill, Gertrude Bell, Henry Monrghentau, Theodore Roosevelt, Stephen Wise, Arnold Toynbee, Raphael Lemkin (quien creó el término “genocidio” para describer este y sucesos similares), Elie Wiesel, y Bat Ye’or, han hablado sobre el genocidio armenio y lo han condenado.

Los historiadores creen que las principales motivaciones eran nacionalistas étnicas (Fa’iz el-Ghuisein) y panislamismo yihadista (Bat Ye’or). Arnold Toynbee y otros historiadores coinciden en que ambas ideologías jugaron un papel importante en la política genocida, pues mientras algunos se salvaron al convertirse, otros aún conversos, fueron asesinados.

Hay una amplia evidencia histórica, de que la Alemania Nazi se inspiró en el genocidio armenio para llevar a cabo el Holocausto en Europa. Los armenios fueron los primeros en averiguar lo peligrosas que son las lecciones no aprendidas de la historia.

Sudáfrica: donde sólo los blancos podían votar hasta hace 25 años y un activista pro-palestino puede gritar “racismo” “apartheid” contra una mujer negra israelí

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Actualmente hay una crisis diplomática entre Israel y Sudáfrica. Aunque realmente no es una gran novedad, y hay razones históricas de peso.

Parecerá extraño, pero durante la época del régimen del apartheid, Sudáfrica mantuvo relaciones relativamente buenas con el Estado de Israel, especialmente como aliados estratégicos debido a que atravesaban una situación similar en sus respectivas regiones. Sudáfrica estaba cada vez más aislada por las sanciones internacionales, e Israel se encontraba solo en una zona con vecinos hostiles que abiertamente declararon que iban a destruirlo. Debido a esto, tuvieron cierta cercanía para apoyarse.

Para ser preciso, en 1947, Sudáfrica fue uno de los únicos cuatro países de la Mancomunidad en votar a favor del plan de partición de la ONU que daría como resultado un estado judío en Medio Oriente. Además, el 28 de mayo de 1948, poco después de que Israel declarara su independencia, Jan Smuts, un sionista de línea dura, reconoció de facto al Estado de Israel, convirtiéndose en el séptimo país en hacerlo.

Los acuerdos económicos y estratégicos aumentaron en 1973, cuando muchos países africanos rompieron relaciones con Israel por la guerra de Yom Kippur. El Partido Nacional, no había adoptado una política antijudía a pesar de tener algunos miembros antisemitas. La cooperación se justificaba por tener enemigos armados comunes (la OLP en el caso israelí y el CNA en el sudafricano). 

Sin embargo, su actitud era igual de ambivalente al régimen como el resto de las democracias liberales en aquel tiempo. En 1987 se unió a los países occidentales para sancionar a Sudáfrica, hasta que en 1994, el último presidente blanco abolió las leyes discriminatorias y permitió que los negros votasen.

Desde aquel entonces, el país ha sido dirigido por el Congreso Nacional Africano, que ha cambiado radicalmente la política exterior sudafricana. El país se alejó cada vez más de Occidente, fue adoptando con cada vez más entusiasmo la causa palestina, que en 2001 la ONU celebró la Conferencia Internacional contra el Racismo en Durban (donde el Estado judío fue blanco de acusaciones de supremacía étnica, genocidio, y etnocracia, así como una resolución formal que condenó el sionismo como tal, abandonada años después por presión americana).

Hoy es una de las principales sedes del movimiento BDS a nivel internacional, especialmente alimentado por personajes que vivieron el apartheid como el obispo anglicano Desmond Tutu.

Llama la atención que en el video, un activista pro-palestino sudafricano, grite “apoyo a Hamás” “apoyo la resistencia islámica contra la opresión israelí” o “racismo” “apartheid” en frente de una mujer negra que es ciudadana israelí.

A nadie se le ha negado en Israel la ciudadanía por ser de determinada raza, ni mucho menos existe discriminación institucional contra no judíos, y nunca la ha habido desde su independencia en 1948. En Sudáfrica, en cambio, solo la minoría blanca gozaba de muchos derechos y privilegios políticos. Es incluso irónico que uno de los fundadores del BDS, Omar Baghoutti, haya estudiado en la Universidad de Tel Aviv, una de las mejores de Medio Oriente.

La intensidad de la situación, marca un posible panorama oscuro para la comunidad judía sudafricana.

El tranquilizante mito del islam moderado

Cuando lees a alguien hablar sobre que no existe islam “moderado”, probablemente suenan tus alarmas internas que posiblemente pienses que de alguna forma, estoy acusando a todos los musulmanes de ser terroristas suicidas o algo por el estilo. Sin embargo, la discusión no es sobre eso.

El punto, es si es correcta la dicotomía “musulmán moderado/musulmán extremista”. He leído varios artículos y ensayos que postulan una tesis interesante, que tiene bastante sentido, y con lo que francamente estoy de acuerdo. Como toda la información está en inglés, he decidido intentar explicar lo que dicen esos autores.

Vemos que el mundo musulmán es variado en sí mismo. Lo une la religión pero a la vez lo divide su forma de practicarla y aplicarla. Países como Egipto, Marruecos, Siria, Líbano, Turquía o Malasia han permitido la penetración de mucha influencia cultural moderna y occidentalizada, a tal punto de que es común ver mujeres sin velo ahí, así como cines, restaurantes o universidades donde enseñan idiomas europeos.

No obstante, hemos visto musulmanes, tanto de crianza como de conversión, en entornos occidentales, volverse extremistas, violentos e intolerantes, por lo que ¿Por qué deberíamos pensar que los países musulmanes moderados no serían la excepción a esto?

En el moderado Egipto nació la organización islámica Hermanos Musulmanes, de donde tienen sus raíces ideológicas prácticamente todos los grupos terroristas yihadistas conocidos –Al Qaeda, Hamás, ISIS, Al Nusra— y es común el acoso sexual contra las mujeres.

En la moderada Siria, donde aunque Bashar Asad hizo algunas reformas que intentaron hacerla más avanzada, incluso antes de la guerra era común la represión política y los crímenes relacionados al honor.

En la moderada Malasia, el año pasado vetó de entrar a los atletas israelíes que iban a competir en los Juegos Paralímpicos 2018, razón por la que dejó de ser anfitriona.

En el moderado Líbano, donde Siria invadió durante la guerra civil, el gobierno está actualmente controlado por Hezbolá, grupo patrocinado por Irán, y la mitad de los musulmanes libaneses tienen puntos de vista favorables a ellos.

En la moderada Turquía, la agenda islamista de Erdogan ha renacido, y en su pasado relativamente reciente, fue responsable del genocidio armenio, griego y asirio, así como hoy es responsable de ocupar el norte de Chipre.

Y en la moderada Libia, grupos terroristas como Sendero Luminoso, Al Qaeda o IRA fueron entrenados, y fue el país de donde procedieron los autores del atentado contra el vuelo 103 de Pan Am sobre el Reino Unido en 1988.

Ahora, hablemos de los individuos que profesan el islam.

Los musulmanes que vemos diariamente en nuestro entorno, que conviven pacíficamente con otros miembros de la comunidad, y tienen preocupaciones cotidianas como las nuestras, son musulmanes no practicantes o latentes. Sus creencias no los estimulan, si no que los deja relajados. Algunos incluso solo saben los aspectos básicos de su fe, otros intentan practicar únicamente los famosos cinco pilares y reinterpretar lo que hay en el texto religioso.

Otros, los musulmanes militantes, o activos, son los que se encuentran estimulados a realizar una yihad (la misión divina islámica de expandir la ley islámica en todas partes). Estos pueden, desde fundar partidos u organizaciones políticas islámicas (como ya está sucediendo en Estados Unidos, Canadá, Bélgica, España), hacer disturbios violentos, crímenes sexuales o de honor y predicas de odio (Francia, Alemania, Suecia, Dinamarca) o directamente perpetrar ataques terroristas, incluso suicidas, guerras, persecución, genocidio (en países de mayoría musulmana o países limítrofes con estos).

El islam tradicional no puede ser moderado. La definición que tiene el gobierno británico de extremismo islámico (Toda forma de islam que se oponga a la democracia liberal, los derechos humanos, el estado de derecho, la libertad religiosa y personal) es en realidad de la forma más pura de islam, tal como fue practicada por Mahoma y sus sucesores inmediatos.